William Grant lo soñó por más de 20 años: crear el mejor whisky del valle, y un día en el verano de 1886, con la ayuda de sus nuevo hijos (siete hombres y dos mujeres), William inició la construcción piedra por piedra de la destilería que llamaría Glenfiddich (Valle de los Ciervos en gaélico).
Hoy es una de las pocas destilerías de una sola malta que sigue perteneciendo a una sola familia, que en su quinta generación continua produciendo uno de los mejores y más probados whiskies del mundo.
La botella triangular que hoy conocemos apareció en 1961, de la mano del diseñador Hans Schleger, y en homenaje a los tres elementos que hacen posible el whisky: agua, aire y cebada malteada.
